Qué fácil es confundir el proceso con el resultado! Propongo al lector que reflexione sobre las siguientes afirmaciones:
"Los estudiantes de ahora no son como los de antes (léase: como yo), carecen de motivación intrínseca, sólo les interesan las cosas materiales".
"¿Cómo podemos enseñar bien a los estudiantes en el hospital, si no tenemos recursos (tiempo, incentivos financieros y de otro tipo, aulas con equipo de cómputo, videoproyector, entre otros)?"
"Los profesionales de la salud tienen serias deficiencias en habilidades de comunicación, porque el tema no está incluido en los programas de las escuelas (ni en los exámenes)".
¿Son realmente diferentes los estudiantes de los profesores (cuando estos tenían la edad de aquellos)?, ¿es necesaria más motivación intrínseca en los estudiantes de medicina (y en los profesores)?, ¿es posible enseñar bien con recursos limitados (sin Internet, sin una iPad® para cada estudiante)?, ¿es factible resolver los problemas de la práctica médica, incluyendo temas como profesionalismo y comunicación en el currículo? Estas y muchas otras interrogantes no tienen una respuesta sencilla, los retos a que se enfrenta elproceso educativo en países como el nuestro son abundantes y complejos, por lo que es previsible la tendencia natural a racionalizar y simplificar en demasía nuestra encrucijada. Es fácil repartir culpa entre los demás, empezando por los estudiantes (porque no estudian como creemos, deben estudiar y no aprenden todo lo que les enseñamos), continuando con los profesores (los "otros", yo sí hago las cosas bien), los planes y programas de estudio, finalizando con las organizaciones hospitalarias y educativas. ¿Cuántas veces hemos escuchado de profesores o médicos en práctica, que se quejan amargamente de "lo mal preparados" que están los médicos ahora?, ¿es tan difícil darse cuenta que todos y cada uno de los profesionales de la salud y de la educación, que trabajamos en los sistemas de salud y educativo compartimos la responsabilidad de que nuestros educandos aprendan? La frase de Aristóteles que cito al principio de este texto, apunta al corazón de la educación: la justificación de la existencia de las instituciones educativas, es el lograr que los discentes que transitan por sus aulas, aprendan lo necesario para ser profesionales de la salud competentes. Los profesores, los funcionarios, los investigadores, el personal administrativo y de apoyo, los planes de estudio y los edificios mismos, existen todos para dar cabida al acto educativo que debe culminar en el aprendizaje efectivo por parte del estudiante.En el trabajo sobre metodología de investigación, se describe la técnica de los grupos focales y sus implicaciones para la educación en ciencias de la salud. En el contexto actual en que estamos saturados de resultados de encuestas y cuestionarios, es en el mejor interés de nuestra efectividad educativa el utilizar enfoques cualitativos para entender el por qué de las cosas, no sólo los porcentajes relativamente superficiales que con frecuencia arrojan los cuestionarios cuantitativos tradicionales. 

No hay comentarios.:
Publicar un comentario